martes, 20 de junio de 2017

¿Por qué no funcionó mi dieta?


Por Bertha Sola/Revista eLife/Estudio Cambridge

Las neuronas AGRP regulan nuestro apetito dependiendo de la cantidad de comida que se tiene disponible.
Las estrategias para perder peso son a menudo ineficientes.


Muchos de nosotros sabemos por experiencia que perder peso es una hazaña de resistencia. Algunas dietas funcionan, otras no, y a pesar de nuestros mejores esfuerzos, parecería que a veces una dieta nos hace ganar incluso más peso. Entonces, ¿por qué hacer dieta no funciona? Un nuevo estudio ha descubierto un mecanismo que quizá explique la forma en que nuestro cuerpo limita la pérdida de peso, funcionando en nuestra contra cuando tratamos de adelgazar.
Una nueva investigación publicada en la revista eLife ha descubierto un mecanismo en ratones que quizá sea el responsable de esos momentos de frustración de la persona que hace dieta cuando nada parece funcionar.
Los ratones, nuestros compañeros mamíferos, comparten suficientes similitudes con el cuerpo humano y así ayudan a ser un buen modelo para entender cómo responde nuestro cuerpo a los esfuerzos para perder peso.
El equipo de investigadores – dirigidos por la Dra. Clemence Blouet de los Laboratorios de Investigaciones Metabólicas de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido –examinó un grupo de neuronas en el hipotálamo del cerebro y su papel en la regulación del apetito.
El hipotálamo es el área del cerebro responsable de producir hormonas que regulan una serie de funciones corporales que van desde la temperatura del cuerpo y el apetito hasta el humor, la libido y el sueño.
Esta región del cerebro contiene un grupo de neuronas llamadas “neuropéptidos r-agouti” (AGRP por sus siglas en inglés), las cuales desempeñan un papel clave en la regulación del apetito. Cuando las neuronas AGRP están activadas, queremos comer, pero cuando están desactivadas, nos hacen parar de comer casi completamente. Las neuronas AGRP tienen el mismo efecto en animales.
La Dra. Blouet y su equipo hicieron uso de la genética para “encender” y “apagar” estas neuronas en ratones. Usaron ratones transgénicos que habían sido modificados para tener el receptor hM3Dq, el cual sólo puede activarse por medio de drogas de diseño.
Se realizaron pruebas de este “atajo” genético en estudios anteriores que utilizaron receptores acoplados a proteína G evolucionada para controlar la actividad neuronal de manera remota en ratones.
Los ratones fueron examinados en “cámaras metabólicas” especiales que pueden medir el gasto de energía. También se les colocaron sondas que midieron su temperatura corporal – la cual también es un indicador de cuánta energía gasta el cuerpo. –
La Dra. Blouet y sus colegas midieron el gasto de energía en diferentes situaciones – principalmente en situaciones en las que había más o a veces menos disponibilidad de comida.
Los experimentos revelaron que “la activación artificial de las neuronas de ratones que no tienen acceso a comida incrementa los niveles de actividad, pero reduce el rango en el cual ellos queman calorías”.
Esto ayuda a que los ratones mantengan el mismo peso. Sin embargo, cuando se les permitió comer – o incluso sólo oler o ver la comida – sus niveles de gasto de energía regresaron a la normalidad.
“Finalmente, exponer a los ratones a una dieta alta en grasa por varios días inhibe sus neuronas AGRP y provoca que los animales quemen calorías a un ritmo más rápido”, reportaron los autores.
En otras palabras, las neuronas AGRP regulan nuestro apetito dependiendo de la cantidad de comida que se tiene disponible.
La líder de la investigación también explica:
“Las estrategias para perder peso son a menudo ineficientes porque el cuerpo trabaja como un termostato y acopla la cantidad de calorías que quemamos con las calorías que comemos. Cuando comemos menos, nuestro cuerpo lo compensa y quema menos calorías, lo que hace que perder peso sea más difícil.
Nuestros hallazgos sugieren que un grupo de neuronas en el cerebro coordinan el apetito y el gasto de energía, y que dicho grupo puede encender o apagar un interruptor que da la orden para quemar o guardar calorías dependiendo de lo que esté disponible en el medio ambiente. Si hay comida disponible, nos hace comer, y si la comida es escasa, pone al cuerpo en una modalidad de ahorro y nos impiden quemar grasa”.
La Dra. Bouet incluso especula que, desde una perspectiva evolutiva, dicho mecanismo quizá haya evolucionado para ayudar a los animales a lidiar con la hambruna. Evidentemente, en el caso de una dieta, el cerebro no puede saber que la persona está tratando intencionalmente de perder peso.
El primer autor del estudio, el Dr. Luke Burke, también explica lo que estos descubrimientos significan para la persona que está tratando de perder peso:

“Este estudio podría ayudar en el diseño de nuevas o mejores terapias en el futuro para reducir el exceso de apetito y obesidad. Hasta entonces, [la] mejor solución para perder peso – por lo menos para aquellos con un sobrepeso moderado – es una combinación de ejercicio con un consumo calórico moderado”.