jueves, 23 de noviembre de 2017

¡Hasta luego amigo “Kily”!


Por Sergio Ávila R.


A Jesús Estrada Vázquez lo conocí en el año 1970, cuando se iniciaba en el periodismo como reportero social. En esos años él era un joven de complexión
esbelta, muy serio, pero al pasar de los años el carácter del amigo Kily se volvió más comunicativo. Dos años antes le tocó ser pionero de la organización periodística “Asociación de Prensa y Radio” (APyR).
Era una persona simpática y respetuosa que a nadie le caía mal. Cuando alguien le decía algo que no le agradaba inmediatamente expresaba: "Úuuursula Prats" o "No seas mal alma". Siempre le vimos platicando un chascarrillo o jugando alguna broma a sus amigos, seguida de una aguda carcajada. Además, en algunos restaurantes y barecitos, así como en convivios del salón del Sindicato de Jubilados del ISSSTE, donde perteneció, era de los primeros en sacar a las damas a bailar.
Pero no era un bailarín cualquiera, pues también bailaba mambo, un ritmo que muy pocas personas saben o sabemos ejecutar.  Entre otras, sus piezas preferidas eran “Qué le pasa a Lupita”, “Que rico mambo” y “Mambo número 8”, las que bailaba imitando a "Resortes". Cabe recordar del Rey del Mambo Dámaso Pérez Prado, que el año pasado se cumplió un centenario de su nacimiento.
Fue un desinteresado promotor deportivo, aportando sus conocimientos y su tiempo a los alumnos de Nivel Medio y Medio Superior, organizando torneos de béisbol y fútbol. Él mismo se encargaba de conseguir la donación de trofeos, en tiendas y con funcionarios estatales y municipales. Por muchos años fue reportero deportivo en diversos periódicos locales. Coincidentemente falleció un 20 de noviembre, día en que se efectúa en nuestro país el tradicional desfile deportivo.
En una ocasión, la esposa del también ya desaparecido amigo Profr. Luis “Bicho” Romero, le preguntó a éste: “¿A quién se le olvidó en tu carro este lápiz para las cejas?”. Sorprendido le contestó que no sabía, pues a ninguna fémina le había dado “raite” últimamente. Pasaron varios días, y Kily se encontró accidentalmente con el profe Bicho:
-“¡Oiga profe, que bueno que lo miro! ¿De casualidad no se encontró mi lápiz en su  carro?
 -¡Pinchi Kily, era tuyo! Qué broncas me hiciste pasar con mi doña por ese lápiz.
Lo que sucedió, es que el compa Kily solía traer uno de esos lápices en la bolsa de la camisa, para darse unas cuantas talladas en bigote y patillas antes de entrar a las reuniones. Una vez le preguntaron: “¿Kili, de dónde eres tú?  Y contestó: “Nací en Santa Cachanía, pero en el pueblo, no en el barrio 'El Chorizo', ¡qué pachó, qué pachó, hijos!”. Y continuó: “Dicen que soy marimacho, y saben por qué, palomilla… pues porque me gusta juntarme con ustedes los machos, ¡ji, ji, ji…”
¡Ah, y también sabía cantar! Interpretaba canciones de su artista predilecto Pedro Infante, que el 18 de este mes, dos días antes de que partiera Kily se cumplió un siglo de su natalicio. Le daba un parecido a la voz del ídolo de México en “Amorcito corazón”, “Dos arbolitos” y “Mi cariñito”.  A nuestro personaje le gustaba apodar y poner sobrenombres afectuosos. Al Profr. Luis Dibene Geraldo le decía “Pepe Aguilar”, y “Sergio Fachelli” a un servidor.
Kily: Toda tu vida fuiste seguidor de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, por esa razón ya estás con Él en su Gloria. Te damos las gracias por la agradable compañía que nos brindaste a todos tus amigos. Un minuto de aplausos para ti y un ¡Hasta luego!