Por Sergio
Ávila R.
A Jesús
Estrada Vázquez lo conocí en el año 1970, cuando se iniciaba en el periodismo
como reportero social. En esos años él era un joven de complexión
esbelta, muy
serio, pero al pasar de los años el carácter del amigo Kily se volvió más
comunicativo. Dos años antes le tocó ser pionero de la organización
periodística “Asociación de Prensa y Radio” (APyR).
Era una
persona simpática y respetuosa que a nadie le caía mal. Cuando alguien le decía
algo que no le agradaba inmediatamente expresaba: "Úuuursula Prats" o
"No seas mal alma". Siempre le vimos platicando un chascarrillo o
jugando alguna broma a sus amigos, seguida de una aguda carcajada. Además, en
algunos restaurantes y barecitos, así como en convivios del salón del Sindicato
de Jubilados del ISSSTE, donde perteneció, era de los primeros en sacar a las
damas a bailar.
Pero no era
un bailarín cualquiera, pues también bailaba mambo, un ritmo que muy pocas
personas saben o sabemos ejecutar. Entre
otras, sus piezas preferidas eran “Qué le pasa a Lupita”, “Que rico mambo” y
“Mambo número 8”, las que bailaba imitando a "Resortes". Cabe
recordar del Rey del Mambo Dámaso Pérez Prado, que el año pasado se cumplió un
centenario de su nacimiento.
Fue un
desinteresado promotor deportivo, aportando sus conocimientos y su tiempo a los
alumnos de Nivel Medio y Medio Superior, organizando torneos de béisbol y
fútbol. Él mismo se encargaba de conseguir la donación de trofeos, en tiendas y
con funcionarios estatales y municipales. Por muchos años fue reportero deportivo
en diversos periódicos locales. Coincidentemente falleció un 20 de noviembre,
día en que se efectúa en nuestro país el tradicional desfile deportivo.
En una
ocasión, la esposa del también ya desaparecido amigo Profr. Luis “Bicho”
Romero, le preguntó a éste: “¿A quién se le olvidó en tu carro este lápiz para
las cejas?”. Sorprendido le contestó que no sabía, pues a ninguna fémina le
había dado “raite” últimamente. Pasaron varios días, y Kily se encontró
accidentalmente con el profe Bicho:
-“¡Oiga
profe, que bueno que lo miro! ¿De casualidad no se encontró mi lápiz en su carro?
-¡Pinchi Kily, era tuyo! Qué broncas me
hiciste pasar con mi doña por ese lápiz.
Lo que
sucedió, es que el compa Kily solía traer uno de esos lápices en la bolsa de la
camisa, para darse unas cuantas talladas en bigote y patillas antes de entrar a
las reuniones. Una vez le preguntaron: “¿Kili, de dónde eres tú? Y contestó: “Nací en Santa Cachanía, pero en
el pueblo, no en el barrio 'El Chorizo', ¡qué pachó, qué pachó, hijos!”. Y continuó:
“Dicen que soy marimacho, y saben por qué, palomilla… pues porque me gusta
juntarme con ustedes los machos, ¡ji, ji, ji…”
¡Ah, y
también sabía cantar! Interpretaba canciones de su artista predilecto Pedro
Infante, que el 18 de este mes, dos días antes de que partiera Kily se cumplió
un siglo de su natalicio. Le daba un parecido a la voz del ídolo de México en
“Amorcito corazón”, “Dos arbolitos” y “Mi cariñito”. A nuestro personaje le gustaba apodar y poner
sobrenombres afectuosos. Al Profr. Luis Dibene Geraldo le decía “Pepe Aguilar”,
y “Sergio Fachelli” a un servidor.
Kily: Toda
tu vida fuiste seguidor de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, por esa
razón ya estás con Él en su Gloria. Te damos las gracias por la agradable
compañía que nos brindaste a todos tus amigos. Un minuto de aplausos para ti y
un ¡Hasta luego!
