Por Fran Ruiz
Ofensiva. El gobierno de California se convertirá en 2018 en
el primero del mundo que no obligará por ley a distinguir entre hombre y mujer.
El tercer género, cuya batalla la comenzó una persona en Australia hace tres
años, ha llegado para quedarse.
Rion no se considera ni hombre ni mujer, sino no binario.
Todo empezó con la negativa de Norrie May-Welby a marcar en un formulario
la casilla “Masculino” o “Femenino”. Aunque nacido hombre en 1961 y convertido
en mujer (transexual) en 1989, seguía sin reconocerse a sí mismo, por lo que
llegó a la conclusión de que “lo más simple es no tener identificación”.
Este acto de rebelión de May Welby no fue aceptado por la dictadura de la
burocracia y, en 2010, esa persona decidió enfrentar ante la Justicia su
derecho a hacerlo. Cuatro años después, su victoria en el Tribunal Superior de
Australia le convirtió en 2014 en el primer ciudadano cuyo género es legalmente
neutro. En una sentencia histórica el tribunal declaró: “La ley reconoce que
una persona puede no ser hombre ni mujer y permite el registro del sexo de una
persona como no definido, como una tercera categoría además de la de hombre y
mujer. Si hombre es XX y mujer XY, género neutro sería X”. Desde entonces,
cualquier documento australiano que solicite el género lleva tres casillas: la
“M”, la “F” y la “X”. Pronto le siguió el ejemplo Nueva Zelanda.
Se daba así por sentado un precedente judicial que ponía en marcha una
revolución silenciosa, pero que poco a poco va saliendo a la superficie e
imponiéndose a nuestra realidad: la del género “no binario”, el que no se
identifica ni como hombre ni como mujer. Nepal fue más allá. En 2015 se
convirtió en el primer país que autorizó el tercer género en un documento con
validez internacional, el pasaporte, que incluye las casillas “M”, “F” y “O”
(de “otro”).
Faltaba, no obstante, un parlamento que legislara sobre esas resoluciones
judiciales y un ejecutivo que ratificara esa nueva legislación, y eso ocurrió
el mes pasado.
California a la vanguardia. El pasado 16 de octubre, el
gobernador de California, el demócrata Jerry Brown, firmó la Ley SB-179
titulada: “Identidad de género: Mujer, Hombre o No binario”.
En consecuencia, a partir del 1 de septiembre de 2018, la “Gender
Recognition Act” establece que cualquier ciudadano residente en ese estado
tendrá, al momento de tramitar documentos de identidad, una tercera opción para
quienes poseen una identidad de género que no se asimila a los “espectros de
géneros binarios”. En consecuencia, los formularios tendrán que ser modificados
para que en menos de un año aparezca en el apartado de género tres casillas:
“Masculino”, “Femenino” y “No binario” (Non binary, en inglés).
“Cada persona merece el pleno reconocimiento legal y el trato igualitario
bajo la ley para garantizar que las personas intersexo [hermafrodita],
transgénero [o transexual] y no binarias tengan documentos de identificación
estatales que proporcionen un reconocimiento completamente legal de su precisa
identidad de género”, indica el texto de la norma aprobada.
Ya no se trata, por tanto, de presentarse ante un juzgado con una
declaración jurada de un médico para obtener reconocimiento legal de un juez,
como ocurre en Australia, en Oregón y en Washington DC, sino que California se
sitúa a la vanguardia, más allá incluso de países donde ya admiten poner una
“X” en el pasaporte, como ocurre en Canadá desde el pasado 31 de agosto, cuando
así lo autorizó el gobierno del primer ministro Justin Trudeau.
“Fue liberador”. Lo logrado en California no habría sido posible sin la tenacidad de
personas como Jamie Shupe, la primera persona en ser reconocido por los
tribunales de Estados Unidos como pertenecientes al “tercer sexo”.
Shupe, un veterano del Ejército de 54 años, se convirtió en transexual en
2013, pero todavía creía que “no encajaba” en la definición de hombre o mujer.
Su nombre no fue revelado, pero eligió como nueva identidad el apodo de Jamie
para representar su condición, ya que en Estados Unidos ese nombre se puede
tanto a hombres como a mujeres.
“Mi identidad de género es femenino, sin duda” —declaró a The
Oregonian—, pero siento que todavía tengo la biología masculina. Ser no
binario me permite eso. Soy una mezcla de ambos. Me considero una persona de un
tercer sexo”. Para él, la decisión del tribunal fue algo “liberador”.
El dilema de los bebés. Más polémico es el caso del canadiense Kory
Doty, un padre transgénero no binario que quiere que el género de su bebé no
sea registrado o se reconozca como neutro. Su intención es criar a Searyl Atli
sin género hasta que tenga “dominio en su vocabulario para decirle quién es”.
“Le reconozco como un bebé y estoy intentando darle todo el amor y el apoyo
que necesita para ser la persona que puede ser más allá de las restricciones
que vienen señaladas al definirlo como niño o en niña”, declaró su padre.
Doty pudo, sin embargo, aferrarse a un precedente. Desde hace tres años, en
Alemania está permitido dejar la casilla en blanco de un bebé, aunque, a
diferencia de su caso, sólo en el supuesto de que el recién nacido nazca con
los dos órganos sexuales (hermafrodita). En esta situación, el país europeo
autoriza a los padres a no inscribir a su hijo hasta que un sexo prevalezca
sobre el otro.
En cualquier caso, tras iniciar una batalla legal y mediática en noviembre
pasado contra las autoridades de British Colombia, finalmente esa provincia
canadiense le envió a Doty este año la tarjeta de salud con una “U” de (Undetermined),
que significa género “indeterminado” o “sin asignar”, para que pudieran acceder
a los servicios médicos.
“Cuando yo nací, los doctores miraron mis genitales e hicieron suposiciones
sobre quién sería yo, y estas suposiciones me persiguieron durante el resto de
mi vida. Esas suposiciones eran incorrectas y tuve que combatirlas desde
entonces”, declaró Kory Doty, que ahora ve con satisfacción cómo su lucha
empieza a dar frutos en el mundo y la revolución de los no binarios es
imparable.
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