Se trata de un proceso de exploración identitaria propio de
la adolescencia; Etapa en la que los jóvenes buscan definirse, encontrar
pertenencia y construir una narrativa sobre quiénes son; Si las conductas se
vuelven extremas o interfieren con la vida diaria, entonces es necesario buscar
acompañamiento profesional.El fenómeno conocido como “therian”, donde algunas personas
se manifiestan e identifican como animales, descartó que se trate de alguna
enfermedad mental, “debe comprenderse desde un ámbito de la construcción de la
identidad y no como un trastorno mental”, afirmó la psicóloga Mireya Nájera.
“Este fenómeno, que ha aparecido de manera reciente en nuestro país, debe
obligar a padres y docentes a priorizar la salud emocional de los jóvenes por
encima de etiquetas”, dijo la especialista en la salud mental.
Explicó que una persona “therian” es aquella que se identifica a nivel
psicológico o simbólico con un animal no humano, ya sea de forma parcial o
total, y que puede expresar esa afinidad mediante movimientos, dinámicas
grupales o el uso de accesorios, como ha ocurrido en la víspera en
instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), tras una
convocatoria pública para manifestarse.
La psicóloga Nájera Villeda descartó, sin embargo, que esta identificación, por
sí misma, genere un diagnóstico clínico; “no estamos hablando de una
enfermedad, ni de un cuadro psiquiátrico. En la mayoría de los casos se trata
de un proceso de exploración identitaria propio de la adolescencia, una etapa
en la que los jóvenes buscan definirse, encontrar pertenencia y construir una
narrativa sobre quiénes son”, señaló.
La especialista en la salud mental indicó que este tipo de expresiones pueden
compararse con fenómenos juveniles de otras generaciones, como las tribus
urbanas o las subculturas musicales. “Cada época tiene sus códigos. Lo
relevante no es la etiqueta que adopten, sino si el adolescente mantiene
bienestar emocional, vínculos sanos y funcionalidad en su vida cotidiana”,
puntualizó.
La especialista en la salud mental enfatizó que la verdadera preocupación
clínica debe centrarse, en su caso, en posibles señales de alerta como el
aislamiento prolongado, pérdida de interés en actividades habituales, cambios
drásticos en el rendimiento escolar, irritabilidad persistente, alteraciones
del sueño, autolesiones o conflictos familiares constantes.
“Si un adolescente se identifica con un animal y está emocionalmente estable,
tiene amigos, cumple con sus responsabilidades y mantiene comunicación
familiar, no hay motivo para alarmarse. El foco debe ponerse en conductas que
indiquen sufrimiento psicológico, no en la identidad en sí”, sostuvo.
En entrevista, la maestra en psicología Mireya Nájera también resaltó el papel
de las redes sociales en la expansión del fenómeno; explicó que los algoritmos
digitales refuerzan intereses específicos, mostrando contenidos similares de
manera reiterada, lo que facilita la formación de comunidades virtuales con
intereses compartidos. Este entorno, dijo, puede fortalecer el sentido de
pertenencia, un elemento crucial durante la adolescencia.
“Sentirse parte de un grupo es fundamental para el desarrollo emocional. Cuando
un joven encuentra personas que comparten sus intereses, experimenta validación
y comprensión. Eso puede ser positivo, siempre que no derive en conductas de
riesgo o en un aislamiento extremo del entorno real”, añadió.
No obstante, Nájera Villeda subrayó la importancia de la guía familiar;
recomendó escuchar sin burlas, ni descalificaciones, abrir espacios de diálogo
y, al mismo tiempo, establecer límites claros respecto a comportamientos en el
hogar y en espacios públicos.
“La clave está en el equilibrio. La familia debe mostrarse disponible para
comprender lo que el adolescente siente, pero también debe marcar normas de
convivencia. Si las conductas se vuelven extremas o interfieren con la vida
diaria, entonces sí es necesario buscar acompañamiento profesional”, explicó.
Finalmente, la psicóloga Mireya Nájera reiteró que la salud mental juvenil
requiere atención temprana y acompañamiento empático. “Más allá de modas o
etiquetas, lo verdaderamente importante es que nuestros adolescentes se sientan
seguros, escuchados y emocionalmente sostenidos. Esa es la base de cualquier
identidad saludable”, concluyó.