Tenemos que, el fraude
cibernético y el phishing es la principal amenaza, por encima del ransomware; En
Latinoamérica y el Caribe alcanzamos capacidad de respuesta de 13% ante los
ciberataques; Se requiere resiliencia digital a riesgos sistémicos por ataques.
La ciberseguridad se ha
convertido en el principal factor de estabilidad para las organizaciones de
Latinoamérica y el Caribe, así lo afirmó Ezequiel Aguiñiga Tinoco, presidente
del Consejo de Administración de Proyectos y Suministros Interdisciplinarios
(PSI-México).
El también investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN) explicó que,
mientras en los Estados Unidos y Europa la confianza en la capacidad de
respuesta ante ataques a infraestructura crítica promedia el 84%, en
Latinoamérica y el Caribe apenas alcanza el 13%; por lo que, esta diferencia es
un reflejo de vulnerabilidades estructurales que inciden directamente en la
continuidad operativa y la rentabilidad empresarial.
“La ciberseguridad es hoy un componente de gobernanza corporativa y de
estabilidad económica. Las organizaciones que no fortalezcan su resiliencia
digital quedarán expuestas a riesgos sistémicos, tal y como se ha visto en
recientes días con ataques sistemáticos a infraestructura pública”, sostuvo.
En entrevista, el ingeniero Aguiñiga Tinoco identificó tres ejes que marcarán
el rumbo de la región para los próximos meses. El primero es el auge del fraude
sistémico impulsado por inteligencia artificial generativa. Advirtió que el 77%
de los líderes globales considera que el fraude cibernético y el phishing son
su principal amenaza, por encima del ransomware. Además, el 87% advierte que la
IA representa el riesgo de crecimiento más acelerado debido a su capacidad de
automatizar engaños a gran escala.
“Estamos frente a una industria del fraude que opera con precisión algorítmica.
Ya no busca únicamente interrumpir sistemas, sino infiltrar procesos, suplantar
identidades y erosionar la confianza de manera silenciosa”, explicó Aguiñiga
Tinoco. Añadió que la única respuesta viable es incorporar inteligencia
artificial defensiva, analítica predictiva y monitoreo continuo para reducir
tiempos de detección y evitar impactos financieros irreversibles.
El segundo eje es la denominada “ciber-inequidad”, es decir, la brecha de
talento especializado. Indicó que el 85% de las organizaciones con baja
resiliencia atribuye su vulnerabilidad a la falta de personal capacitado. En
Latinoamérica y el Caribe, el 69% de las empresas reconoce que su principal
debilidad es la escasez de habilidades técnicas.
“La falta de talento genera una deuda técnica que compromete la calidad del
servicio y la sostenibilidad financiera. La estabilidad empresarial es
proporcional a la profundidad técnica de sus equipos”, afirmó.
El tercer eje se relaciona con el marco normativo. Frente a la baja percepción
de seguridad en la región, Aguiñiga Tinoco subrayó que el fortalecimiento de
leyes y regulaciones es un elemento clave para elevar estándares de protección.
“Más que soberanía geográfica de los datos, necesitamos soberanía jurídica.
Normativas exigentes, mecanismos de supervisión y cumplimiento efectivo permiten
generar confianza, independientemente de dónde se encuentren alojados los
sistemas o la información”, señaló.
El investigador politécnico enfatizó que la resiliencia digital debe integrarse
a la planeación estratégica de las organizaciones, no como un gasto operativo,
sino como una inversión estructural. “Proteger la integridad del dato es
proteger la reputación, la rentabilidad y la permanencia en el mercado”,
puntualizó.
“La ciberseguridad será el principal garante de estabilidad para las instituciones
que aspiren a sostenibilidad en el mediano y largo plazo”, concluyó el
ingeniero Ezequiel Aguiñiga Tinoco.
