Por Isaac Torres Cruz
Los eventos naturales minan la capacidad de crecimiento de
una nación, dice
experto de la Ibero. Estos fenómenos además exacerban los
problemas de pobreza y desigualdad, dice Alejandro Guevara.
El Premio Nobel Mario Molina ha expuesto en más de una
ocasión que los costos del cambio climático representan alrededor del dos por
ciento del Producto Interno Bruto global, anual, lo cual le resulta “barato” a
la humanidad a diferencia de no tomar acción alguna.
Los costos económicos de los desastres naturales que
generarían el cambio climático se desconocen en el largo plazo, señaló
Alejandro Guevara Sanginés, especialista en temas de economía del medio
ambiente de la Universidad Iberoamericana. No obstante, en el corto plazo ya se
pueden prever: contracción en la actividad productiva, afectación en la balanza
comercial, deterioro del balance fiscal e incremento de los niveles de pobreza.
“Aunque no hay certeza total, la mayor parte de la evidencia
empírica apunta a que los desastres naturales minan la capacidad de crecimiento
de una nación, por lo tanto, es importante analizar si todo el país crece más o
menos que antes del desastre natural”, refirió en el marco de la presentación
de su estudio “Cambio climático, desastres naturales y sus efectos
macroeconómicos”.
El vicerrector Académico de la Ibero Ciudad de México
enfatizó que se deben identificar cómo se distribuyen los impactos al interior
de la población, puesto que los desastres naturales provocan una disminución
mayor del índice del desarrollo humano en los municipios menos desarrollados.
Durante el foro “19 Septiembre. Experiencias y valores
aprendidos. Plataforma para una nueva cultura socio-ambiental”, enfatizó que es
indispensable concebir a los desastres naturales como un fenómeno que destruye
el capital total (físico, humano, social, natural), pero además exacerba los
problemas de pobreza y desigualdad.
“Los desastres naturales incrementan la desigualdad social,
porque afectan a los grupos más vulnerables. Países ricos y pobres quizá tengan
la misma probabilidad de sufrir desastres, pero las afectaciones por un mismo
desastre son relativamente mucho mayores en aquellos donde la gente es más
pobre”.
CAPITAL SOCIAL. El académico explicó que los mayores costos
económicos por desastres naturales se presentan en países desarrollados, ya que
en éstos hay una gran cantidad de riqueza acumulada, y por lo tanto un mismo
evento causa más daño en términos absolutos. Por ejemplo, en 2008 los desastres
naturales dejaron en Estados Unidos pérdidas por 57 mil 290 millones de
dólares; y en México fueron sólo de 75 millones de dólares.
Sin embargo, en un país desarrollado, como Alemania, un
desastre natural que tuvo efectos devastadores en la caída del capital también
propicia una enorme inversión para recuperarse. “De tal suerte que a largo
plazo incluso van por arriba de la trayectoria de crecimiento económico. Eso
ocurre en países con una gran acumulación de conocimiento, de capital y de
capital social”.
En la otra cara de la moneda, en países pequeños y no
desarrollados, como los de Centroamérica, hay más personas afectadas por los
desastres naturales y con ello los daños son considerablemente mayores. “¿Qué
quiere decir esto?, que un daño en este tipo de naciones puede ser totalmente
desastroso porque tienen menor capacidad de resiliencia, es decir, de regresar
a su estado original antes de la perturbación”.
El especialista refirió que hay países donde un desastre
natural puede significar impactos macroeconómicos de largo plazo que los sitúen
en una senda de crecimiento mucho menor. “Si eran países pobres, probablemente
un desastre natural signifique una tragedia en términos no sólo presentes, sino
en términos de las siguientes generaciones, y eso implica que a futuro van a
tener una base menor que la trayectoria económica en la que estaban”.
Alejandro Guevara destacó que debido al capital social y de
las políticas de prevención, ha habido una tendencia decreciente en términos de
pérdidas de vidas humanas debido a desastres naturales, aunque no en la riqueza
que se pierde. “Lo ideal sería que se tuviera suficiente ciencia, suficiente
política pública, suficiente capital social, para que ambas fueran
decrecientes”.
